HIJO
DE PAZ
DON
RICHARSON
41-50
CAPÍTULO III
LA SOMBRA DE LOS TUANES
Los hombres de Haenam consiguieron finalmente un
respiro de su problema con los kayagares renovando una antigua alianza con
otras dos aldeas de habla sawi: Yahamgit y Yohwi. Juntas estas tres infligieron graves pérdidas a los kayagares que vivían cerca de los manantiales
del Kronkel, persuadiéndolos así a pedir un período de paz. De igual
modo, Mauro hizo una ventajosa alianza con Esep, Sanapai, Tiro y Wasohwi y se
las ingenió para desquitarse de las aldeas
de habla asmat ubicadas cerca de la desembocadura del Kronkel.
Para vengar la muerte de Yae, los hombres de Mauro
utilizaron todavía su alianza con Esep. En efecto, persuadieron a los
hombres de esta aldea a usar sus buenas relaciones con Haenam para atraer a un grupo de hombres de esta última a una fiesta en que danzarían toda la noche y que
se celebraría en Esep. Nueve hombres aceptaron la meliflua invitación.
Mientras
la fiesta iba en aumento en medio del silencio y oscuridad de la noche, los guerreros de Mauro, cual fantasmas, remontaron el río Aym en
sus canoas y luego se desplegaron en abanico, formando un círculo
alrededor de Esep. Al despuntar el alba, se instalaron en posiciones cercanas, y cuando aclaró lo suficiente para
distinguir entre sus amigos de Esep y sus enemigos de Haenam, iniciaron
el ataque.
De repente comenzó a apagarse
el canto de los danzarines y el redoble de los tambores
bajo el vociferante crescendo del ataque de Mauro. Los hombres de Esep treparon rápidamente a sus casas e impidieron que
los de Haenam buscaran refugio en ellas. Las nueve futuras víctimas trataron
de desparramarse entre las sombras mientras
a través de la aldea resonaba el golpe seco y sobrecogedor de las lanzas
al herir carne.
Cinco de los nueve consiguieron escapar, aunque
todos dejaron tras sí lívidos rastros de sangre que brillaba bajo el sol
naciente. Los que no escaparon fueron Huyaham, Sao, Asien y Yamhwi. Esep y Mauro se dieron un regio
banquete con la carne de las cuatro víctimas
mientras Haenam pasaba varias noches y días lamentándose
amargamente por los muertos.
Después de esto los hombres de Haenam hicieron varias incursiones en el territorio de
Mauro y Esep, esperando sorprender algún grupito de hombres, mujeres o
niños mientras sacaban el sagú en la jungla. Luego de infructuosos esfuerzos,
se decidieron por una manera más indirecta de tomar venganza. Pero
mientras tanto, ocurrrieron tres sucesos totalmente imprevistos.
Una vez que se establecieron relaciones bastante
pacíficas con los kayagares y asmates, las diversas aldeas sawis comenzaron a
tener frecuentes diálogos con sus vecinos del este y del oeste. Durante estos diálogos, los sawis notaron un nuevo vocablo que nunca
habían oído antes.
Tanto los kayagares al este como los asmates al
oeste comenzaron a chapurrear agitadamente sobre algo o alguien llamado tuan. Puesto que apenas había más de media docena de
sawis que podían entender lo suficiente una de las dos lenguas extranjeras, pasó un largo período de tiempo
antes que éstos pudieran formarse una impresión razonable de cómo podría ser
un tuan.
El consenso de los informes parecía indicar
que los tuanes eran seres sumamente
grandes.
¡Qué espantoso!
También se sabía que en general eran amigables.
¡Esto era tranquilizador!
Sin embargo, se decía que poseían
armas capaces de echar fuego con un sonido como trueno. ¡Los avezados
guerreros temblaban!
También se informaba que se oponían tenazmente a
la caza de cabezas y al canibalismo.
¡Qué bueno que los kayagares cazadores de cabezas y los asmates caníbales y cazadores de cabezas
estuvieran recibiendo esa clase de influencia!
Se
decía que su piel era tan blanca como la harina de sagú fresca ...
¡Qué feos debían de parecer!
... y muy fría al tacto.
¿Podría ser que no fueran realmente humanos?
¡Además, su cabello era lacio u ondulado, pero jamás crespo, y se cubrían tan
completamente con unas
extrañas pieles que apenas eran visibles sus verdaderas personas!
¡Qué
difícil debe de ser conocerlos como son en realidad!
La mayoría de los
informadores afirmaba que nunca habían visto
una tuan, aunque algunas fuentes más distantes sostenían que existían unas
pocas.
¡Cómo tendrán que pelear para conseguir esposas si hay tan pocas mujeres!
Casi tan raros como los tuanes mismos eran los objetos que, según decían, dispensaban al
comerciar con ellos. Los principales entre éstos eran unas clases superiores
de instrumentos cortantes los que llamaban kapak, para
talar árboles, los parang, para cortar los
arbustos y los pisan, para cortar la carne. También había unos palitos llamados korapi, que
eran excelentes para encender fuego.
¡ Sus sukurus podían afeitarle la barba a uno
mucho mejor que los cuchillos de bambú! Los mata kail "anzuelos y el kaivas "sedal posibilitaban la pesca hasta en los ríos
principales, en vez de tener que esperar hasta que el agua estuviera baja en los ríos más pequeños, cuando era
posible alancear los peces o dispararles con arcos y flechas.
Se
decía que también había rus¡, en los cuales uno podía ver su alma mucho más claramente que en la superficie de
un quieto charco de los pantanos.
De especial interés era una sustancia blanca y
fina llamada garam, de la que se decía que era mucho más salada que el
residuo carbonizado de las hojas de sagú quemadas que los sawis usaban para sazonar sus comidas.
Aun más, se decía que los tuanes daban sabun,
el que mezclado con agua y aplicado a la piel de uno podía sacarle no sólo
la suciedad suelta ¡ sino hasta la grasa de
la piel!
Por último, se creía
que los tuanes tenían varias clases de
brujerías llamadas obat, las cuales podían bajar la fiebre y sanar
las heridas con mucho más eficacia que los brujos sawis.
A medida que aumentaban estos hechizantes comentarios sobre los tuanes, circulando de aldea en
aldea, los sawis no estaban seguros de si les convendría
o no encontrarse con uno de ellos. Losbeneficios materiales eran tentadores, pero ¿y si hubiera
repercusiones sobrenaturales imprevistas?
Hacía mucho tiempo que los antepasados de los sawis habían logrado un
acuerdo con los espíritus que vivían en los
ríos y en la jungla. "Los
espíritus aceptan la grasa de nuestra piel en los ríos", solían
decir. Mientras se mantuviera esta delicada
coexistencia entre los espíritus y los hombres, el universo estaría en
equilibrio. Es verdad que a veces terribles epidemias hacían estragos en las aldeas; pero los espíritus las
espaciaban a intervalos bastante amplios para que pudieran sobrevivir
las comunidades.
Pero si un tuan, que
no tenía un convenio con los espíritus, iba a
introducir grasa de piel extraña en los ríos y senderos, se podría trastornar el equilibrio del
universo. Los espíritus se podrían vengar de los sawis por esta
temeraria e insólita intrusión en sus dominios y los ancianos no tendrían ningún método previamente elaborado para apaciguarlos
en una situación tan singular.
Posiblemente los tuanes mismos fueran espíritus que habría que aplacar y ¡ oh, se tardaría mucho tiempo
en tratar de descubrir los métodos para apaciguar otra compañía de espíritus ! Era bastante apremiante vivir en un universo
dualístico de espíritus y hombres.. . ¿Cómo se las arreglarían las aldeas en un nuevo universo tripartito de espíritus, tuanes y hombres?
Esta fue la pregunta
crucial que comenzó a ocupar la mente de los sawis, tanto más cuanto que los kayagares y asmates seguían discutiendo sobre esos extraños prodigios llamados tuanes. Era un tipo de pregunta totalmente nuevo, uno que probablemente nunca tuvieron que enfrentar sus antepasados.
Por esta razón no había nada en las leyendas sawis que sirviera para ayudar a la
actual generación a abordar el asunto de los tuanes. Tenían que hacerlo por su cuenta y temblaban ante
la responsabilidad de tomar una decisión
que podría afectar dramáticamente sus destinos y el de sus pequeños.
La crisis se agudizó súbitamente
el día en que el segundo suceso imprevisto tomó de sorpresa a los sawis. Haenam se había
mudado a un nuevo sitio ubicado junto al tributario
Sagudar y que estaba muy cerca de la región de los kayagares. Un día llegó una
canoa con varios kayagares robustos y recios
que venían de río arriba. Con ellos
venía también un guerrero atohwaem llamado Hadi. Este dominaba tres
lenguas: atohwaem, kayagar y sawi.
Cuando la canoa se acercaba a Haenam, Hadi gritó
agitadamente en sawi:
—i Estos kayagares tienen algo
muy especial que quieren mostrarles!
Los guerreros de Haenam bajaron
lentamente de sus casas mientras Hadi saltaba a
tierra. Detrás de él un kayagar
llamado Hurip se inclinó y recogió un extraño objeto que estaba a sus
pies en la canoa. Sus ojos brillaban de contento, divirtiéndose al observar el asombro que se reflejaba en los rostros de los sawis. Hurip levantó el objeto por encima de su cabeza. Luego abrió su bocaza y habló en la bronca y estruendosa lengua
kayagar.
Hadi interpretó, diciendo:
—¡Esto es un kapak!
Los sawis se amontonaron rápidamente alrededor de
ellos, boquiabiertos de asombro. Miraban fijamente el objeto con la
misma admiración que sentiría un astronauta
al descubrir un artefacto de una
civilización extraterrestre. El kapak
era casi tan largo como la mano de un hombre y tenía una hoja
brillante de unos diez centímetros de ancho. El otro extremo era
redondeado y consistía en un grueso anillo en el que Hurip había encajado la
punta de un mango de palo hacha.
Sólo vagamente vieron los
atónitos sawis que el objeto tenía
cierta semejanza con sus rudimentarias
hachas de piedra. Pero esto duró sólo hasta que Hadi señaló un arbolito que crecía cerca de la ribera del río e instó a Hurip a demostrar
lo que podía hacer el extraño objeto. Con pasos
majestuosos, Hurip se dirigió hacia el árbol, levantó el hacha inclinándola
hacia atrás por sobre su hombro derecho y
descargó un recio golpe que la hundió en la base del tronco.
Hadi sonrió de satisfacción cuando
los espectadores retrocedieron súbitamente
ante el extraño sonido que producía el acero al penetrar en la madera. Hurip arrancó el hacha y
con tres golpes más derribó el árbol, arrojándolo en el Kronkel.
Pasaron
tres minutos completos antes de que la
gente de Haenam dejara de gritar de asombro. Cuatro golpes con ese objeto
habían derribado un árbol que habría necesitado más de cuarenta golpes con una típica hacha de piedra.
Los sawis invitaron a Hadi, Hurip y los otros
kayagares a subir a la casa del hombre. Cuando todos se hubieron sentado, el maravilloso kapak pasó de mano en mano. Con
respeto, los sawis acariciaron el fabuloso instrumento, comentando a gritos
sobre su dureza, agudeza y peso. Apenas podían creer que una hoja que era
cuatro veces más delgada que la de un hacha
de piedra mediana se pudiera usar con
tanta fuerza sin que se quebrara o astillara.
Hurip,
henchido de orgullo por ser el primero en
presentar a toda una comunidad esta maravilla tan extraña, procedió luego a relatar cómo había canjeado a uno de sus hijos por el kapak de otro kayagar que vivía más al sudeste, en laaldea Araray.
La
gente de Araray, según dijo, tenía
muchas hachas como ésta porque actualmente tenían un tuan que vivía entre ellos. Ahora todas las aldeas
kayagares viajaban a Araray o a Kepi llevando
cerdos o niños para canjearlos por hachas y otros tesoros de
los tuanes. Algunos sawis estaban a punto de preguntarle a Hurip si estaría dispuesto a canjear su hacha; pero cuando oyeron
que había dado un niño por ella, desistieron.
Luego de un impresionante y momentáneo silencio, un
joven y musculoso guerrero sawi llamado Kan¡ alzó la voz desde el fondo de la
casa del hombre y dijo:
—Hurip, ¿por qué vino ese
tuan a vivir a Araray?
Cuando le retransmitieron la
pregunta a Hurip, éste se limitó a
encoger sus toscos hombros. Luego exclamó:
—¡
Tú debes de suponer que los tuanes son iguales a nosotros! Si uno de nosotros se mudacierto lugar, se puede
saber que es porque allí hay mucho sagú que no ha sido cosechado, porque se
está alejando de sus enemigos o porque desea vivir donde solía vivir su padre.
"Pero los tuanes —siguió explicando Hurip se interesan poco por el sagú. Parece que no tienen
enemigos. No están atados a la tierra de sus
antepasados. ¡ Vienen adonde quieren venir; van adonde quieren ir; se
quedan donde quieren quedarse! Nadie sabe lo que harán ni por qué lo harán. ¡ Todo lo que sabemos es que adondequiera que
vayan sus canoas van cargadas con hachas como ésta!"
Los sawis silbaron
para expresar su asombro; pero Kan¡ siguió
preguntando:
—Si viniera un tuan aquí, ¿qué nos
pasaría?
Cuando Hadi interpretó, Hurip contestó
inmediatamente:
—Ustedes,
los sawis, todavían cortan cabezas humanas y comen carne humana
Sí viene un tuan aquí,
es indudable que tendrán que dejar esta clase de cosas. Si no lo hacen, ¡ les disparará fuego ! ¡ En cambio, ustedes harán karia! Y por
su karia el tuan les dará muchos kapak, parang y pisan.
Ninguno de los sawis entendía que karia significaba
"trabajo". De todos modos, algunos volvieron a silbar de asombro. Otros se callaron de repente ante el pensamiento de nunca más comer carne humana, nunca más cortar cabezas y
la posibilidad de ser quemados con
fuego.
Kan¡ fue uno de los que no silbaron. Estaba reflexionando en el hecho de que él y su
gente todavía no habían tomado
venganza contra Mauro por la muerte de
Huyaham, su hermano mayor, y los
otros tres que habían sido alanceados con él en esa dantesca trampa de Esep. Si Haenam iba a
tomar venganza, convendría
hacerlo pronto;
de lo contrario, podría
aparecer un tuan, en
cuyo caso ya no sería posible tomar venganza.
Pronto Hurip, Hadi y sus amigos volvieron río arriba después de prometer a los sawis que
si alguna
vez tenían hachas sobrantes para canjear, se lo hicieran saber primero a los hombres de Haenam.
Hurip y sus amigos habían venido por una sola razón: divertirse con el
espectáculo de toda una comunidad
pasmada ante su primera visión de un hacha de acero. ¡ Sin saberlo,
habían logrado mucho
más que eso !
En primer lugar, habían aclarado de una vez para siempre "la
cuestión del tuan" a los hombres
de Haenam. Por fin ahora sabían estos extraños sawis lo que harían si un tuan llegara algún día hasta ellos. Al anochecer de ese mismo día
habían llegado a un consenso de opinión que
pronto encontraría apoyo en todas las 18 aldeas de la tribu sawi.
En segundo lugar, habían persuadido al joven Kan¡ de
que ya era tiempo de que Haenam representara otro papel del antiguo tema
llamado tuwi asonai
man. En
caso que resultara imposible tomar venganza después de la
llegada de los tuanes,
debían
"cebar" más "cerdos para la matanza" con objeto de vengar la muerte de Huyaham antes de que aparecieran. Y ya que habían fracasado los asaltos frontales contra Mauro, el ingrediente que una vez más se usaría como cebo tendría que ser
la amistad.
Pero antes de que se cumplieran
las intenciones asesinas de Kan¡, un tercer suceso imprevisto iba a
estremecer hasta sus mismos cimientos el universo sawi.